No hay modestia, discreción ni menos que menos falta de fantasía cuando eligen sus zapatos.
Desde
la Cenicienta, con sus zapatos de cristal, en adelante, no hay duda,
todas las
mujeres dan por obvio que los Cuentos, mágicos por supuesto, no hay
otros que valgan el derecho a llamarse así, comienzan y o suceden
alrededor de sus zapatos.
Mirar sus rostros cuando una vidriera los ofrece es descubrir, por fin, de que trata la Iluminación.