A Pelusa la impacientan que la quieran.
No se trata que ella no quiera o que no le guste, es diferente, es impaciencia, la ponen incómodas los elogios, las declaraciones de afecto y ni hablar de que le hablen del amor.
Un paseo embriagante por la naturaleza del hombre, del vino y cómo no... de la mujer.
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viernes, 12 de octubre de 2012
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