María
se ríe, a carcajadas, como saltando al medio de sus risas, y uno la
puede imaginar así, saltando desde la altura a un lago o a encontrarse
con un ola en el mar o soltándole las riendas a un caballo, negro por
supuesto, con toda la Pampa esperándolos.
Los Sauvignon Blanc están llenos de las risas del verano, de cuando los cuerpos eran jóvenes, las mano deseosas y los planes cortos: dónde bailar esta noche y a quién amar para siempre.
Juan nunca va a olvidar las risas de María, su casi compañera de
banco; se sentaba cerca pero no tanto, cuando María reía Juan sentía que
todo sucedía ahí, pero nunca se decidió a reclamar ser el dueño de esas
risas, aunque fueran de puras burlas.